Hace 22 años, un 20 de novimebre como hoy también era jueves. Nací en la clínica Loreto en la calle Reina Victoria de Madrid y el médico, cuando vio que estaba sano y salvo, exclamó: "El cumpleaños de este niño será recordado siempre". Claro, era el día de la muerte de Franco.
Todos los años recibo las felicitaciones de mis amigos. Son geniales y les agradezco que ese día se acuerden de mí. Es como si me dijeran: Ey, Alberto! Gracias por formar parte de nuestras vidas! Lo mismo les digo. Soy muy afortunado por tenerlos a mi lado.
También todos los años recibo una llamada que suena lejana y que viene del otro lado del Atlántico. La voz tardaba en llegar pero su tono cálido y cercano me hacía sentir como si estuviera delante de mí y no a miles de kilómetros en Puerto Rico, Brasil o Perú. Siempre se acordaba de todos los cumpleaños.
Este año miro el teléfono pero ningún número privado llama desde el extranjero, pero mi corazón no deja de latir como un teléfono móvil sonando. Allí una voz que suena cercana y su tono es cálido me ha dicho: Felicidades, sobrino.
miércoles, noviembre 26, 2008
martes, septiembre 02, 2008
Las dos orejas (I parte)
En el anfiteatro no cabía ni un alfiler y los últimos ocupaban el césped de la parte de arriba y allí se sentaban dispuestos a contemplar los mejores fuegos de artificio que jamás hubieran visto. Con 5 minutos de cortesía sobre las 12 comenzó el espectáculo. El diestro de San Sebastián, por mejor decir, el artista de semejante faena, tenía preparado para el final una maravilla de luces y estruendos que nadie podrá olvidar.
La lidia comenzó con tres chupinazos distantes los unos de los otros, como anunciando que la magia estaba apunto de empezar. La sinfonía luminosa y sonora ascendía y descendía sin parar, como si de un ballet artístico se tratara. El público, entusiasmado, aplaudía espontáneamente ante las revelaciones verdes, moradas y rojas, que poco a poco fueron sustituidas por un dorado estrellado que el respetable miraba con asombro y admiración.
Cuando parecía que el torero había terminado su faena, matando a un toro manso, comenzó lo bueno de verdad. Se desató una guerra en el cielo que los ojos no conseguían abarcar por completo. Destellos arriba, destellos abajo hasta que finalmente el ruido paró y dio paso a una lluvia de estrellas doradas que descendió de los cielos tocándonos el corazón. Para redondear la excelente faena, el artista encargado de tan maravillosa obra hizo sonar tres chupinazos seguidos, simbolizando un final apoteósico.
La gente se levantó y vitoreó, aplaudió a rabiar. yo, desde mi privilegiado lugar, también me levanté y desde el ccorazón grité: ¡Las dos orejas! ¡Qué le den las dos orejas! Y juro que en ese momento no saqué un pañuelo blanco para pedir al inexistente presidente del festejo que sacaran al artista de semejante lidia por la puerta grande del anfiteatro.
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viernes, mayo 16, 2008
Jueves de Cine
Jueves de cierre en mi último día de trabajo en los cines Ideal. Da pena marcharse después de mes y medio, justo cuando comenzabas a coger cariño a los compañeros y a esa taquilla estrecha sin salida de emergencia. La noche de Madrid estaba gris, melancólica y plácida.
La vida es un camino de piedras sobre un río en el que no se ve la otra orilla. Mi paso por el cine ha sido fugaz, pero tengo que seguir avanzando por el camino que he elegido vivir. Ser coherente con uno mismo a veces significa renunciar a muchas cosas y cada piedra del camino dejas siempre una parte de ti mismo, ahí, flotando en el ambiente. Alguien me preguntó una vez: “pero, ¿Por qué trabajas?” Trabajo para poder pagarme mis viajes; estudio para poder pagarme el futuro.
Unas cañas, una charla y para casa. Madrid se había puesto a llorar, apagando definitivamente aquel jueves de San Isidro y dejando las calles más castizas con un sabor a tierra mojada y a triste despedida. Es la vida que he elegido.
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viernes, mayo 02, 2008
Ni ayer...ni mañana

Son las once de la noche. Salgo del cine con el alma cansada y el corazón cobarde, en dirección al metro. Madrid se ha vestido con su mejor noche y el ambiente huele a primavera y a fiesta pero yo me voy a casa después de un largo día de trabajo. Me han faltado 12 euros en mi caja. “Pues nada, me dice la jefa, has regalado dos entradas”.
Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal. No es una canción, aunque tiene ritmo. Allí no busco a nadie a que salga de la oficina, es el trasbordo a la línea 10 que me lleva al norte. En el trayecto, dos extranjeros muy altos hablan de surf en castellano y después en inglés. Madrid cosmopolita. Doce euros me han faltado, no me lo quito de la cabeza. “¿Te han faltado 12 euros, a ti?”, me había dicho una compañera.
Me duele la cabeza y estoy mareado. Sólo tengo ganas de llegar a casa y descansar. Vivo tan deprisa que no tengo tiempo de pensar en lo que pasó y el futuro es tan incierto que disfrutar del presente se hace más necesario. Ni ayer…ni mañana. Huir hacia delante no deja de ser una huida. La felicidad es un estado pasajero del alma y todos morimos un poco cada día…
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jueves, abril 17, 2008
A mi tío Vicente
Hay muchas luces en el mundo, pero son muy pocas las que guían nuestro camino. Se pueden ver infinitas estrellas en el cielo, pero sólo una, el sol, nos alumbra y reconforta con su luz. Así era Vicente, una luz intensa en el camino que nos orientaba en esta vida.
De nuestro tío aprendimos a enfrentarnos a las dificultades de la vida como si fueran retos, oportunidades para superarnos y ser mejores personas, a la vez que siempre decía: “De los problemas que no tienen solución es mejor no preocuparse; y los que tienen solución, se arreglarán, así que tampoco debemos preocuparnos por ellos”.
Vicente destacaba por su nobleza de espíritu y por su saber estar en todo momento y circunstancias. Lo mismo le daba estar en presencia del príncipe Felipe que en presencia del más humilde, en ningún caso desentonaba porque su corazón era tan grande que en él cabían todos.
Por encima de todo en su vida siempre estuvo su familia. Vicente nos enseñó que tal vez no podamos salvar el mundo, pero podemos hacer felices a los que nos rodean. Él siempre predicó con el ejemplo y nos hizo reír y soñar con su forma de ser y con su manera de ver el mundo.
- Gracias por enseñarnos como llegar a lo más alto con humildad y sencillez
- Gracias por ser un referente para nosotros por tu fuerza, tu lucha, tu entereza y tu constante superación, por poner alma y ganas en todo aquello en lo que crees.
- Te queremos y admiramos por ser siempre líder simplemente siendo tú.
- Gracias por ser embajador de tu tierra, Bienservida, en todos esos rincones del mundo que ahora llevamos dentro gracias a tus maravillosas historias.
- Gracias por enseñarnos que la familia es el motor que mueve y llena nuestras vidas.
- Gracias por dejarnos la estela del sonido de tu risa.
- Gracias por ser la llamada segura de cada uno de nuestros cumpleaños. ¿Cómo olvidar ese “Hello”?
- Gracias por escucharnos y además entendernos, siendo para “tus nenes” tío y mejor amigo.
- Gracias por tus proyectos de amor, donde todos cabemos, y gracias por no irte a dormir sin un último beso de dulces sueños.
Por todo ello podemos decir, sin miedo a equivocarnos y sin querer hacer ninguna comparación que Vicente “pasó haciendo el bien”.
Vicente, con su luz, encendió la bombilla de nuestros corazones. Ahora nos toca a nosotros mantener su legado y colocar esa luz encima de la mesa para que alumbre la habitación, para que iluminemos, aunque sea un instante, la vida de los demás. Buen viaje, tío.
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miércoles, marzo 26, 2008
Crónicas de Córdoba: La maldición del cortijo fantasma
El segundo día en Córdoba amaneció soleado, las nubes habían decidido dar una tregua definitiva a los cofrades para que pudieran sacar a sus ídolos en procesión el resto del fin de semana. Era viernes santo.
La mañana se fue entre paseos por el casco viejo y visitas a todas las iglesias que nos encontrábamos por el camino. Sobre todo, me llamó la atención que en todas hubiera siempre un grupo de personas rezando, reunidos en una pequeña parte del templo, ante una imagen de Cristo o la Virgen. La mayoría superaba los 60 años y muchos oraban de rodillas con sentida devoción.
Seguimos paseando y al llegar a una placica recogida, muy colorida y con un naranjo en medio vimos que una pancarta proclamaba: "Gracias alcaldesa por mantener esta plaza". Debía ser una de las pocas ciudades del mundo donde en vez de criticar a su alcalde en la calle lo alaban de manera tan abierta y sincera. En mi mente empecé a forjar me una idea acerca del carácter de los ciudadanos de aquella maravillosa ciudad sin querer caer en la generalización: los córdobeses son pacientes, religiosos y votan al Partido Comunista. Olé.
Por la tarde, después de comer en la casa de campo de Rafa, fuimos en busca de un cortijo perdido. Al parecer el tio de Lara conoció mientras hacia la mili a quien se convertiría a partir de entonces en su mejor amigo. Pero un mal día perdió su teléfono y perdió el contacto con él. La única pista que tenía el tío de Lara era que su amigo vivía en un cortijo llamado "Cortijo de la Reina" a las afueras de Córdoba. Y allí que fuimos.
La búsqueda nos llevó tres horas. De paso encontramos un cortijo abandonado muy siniestro, con una plazoleta rodeada de casas donde había varios coches aparcados pero ni un alma se movía por allí. Hasta el bar estaba cerrado. Ya de noche encontramos una entrada al cortijo, anunciado en un cartel. No se podía entrar en coche, así que fuimos andando por un camino de tierra que desembocaba...en el cortijo misterioso que habíamos visitado cuando aún era de día. Seguía sin moverse nada por allí y ante tan extraño lugar empecé a inventar historias: son espíritus que viven aquí pero no los podemos ver; son unos bárbaros que nos van a tender una emboscada; son zombies que están bajo tierra y sólo salen a partir de las 12 de la noche; son un grupo de gente muy espiritual que han elevado tanto su energía que se han ido a otra dimensión.
Al final, vimos una luz en una casa donde vivían una señora tetona y regordeta y su marido. No sé si se asustaron más ellos de vernos o nosotros porque hubiera alguien con vida en tan siniestro cortijo. Yo esperaba que en cualquier momento la señora gritara de pronto en plan Gandal en El Señor de Los Anillos: "Corred insensatos. El Mal se acerca". Nada de eso ocurrió, le dejamos el teléfono del tío de Lara para que se lo hiciera llegar a su amigo de la mili y huimos lo más rápidamente posible de aquel lugar del infierno.
La mañana se fue entre paseos por el casco viejo y visitas a todas las iglesias que nos encontrábamos por el camino. Sobre todo, me llamó la atención que en todas hubiera siempre un grupo de personas rezando, reunidos en una pequeña parte del templo, ante una imagen de Cristo o la Virgen. La mayoría superaba los 60 años y muchos oraban de rodillas con sentida devoción.
Seguimos paseando y al llegar a una placica recogida, muy colorida y con un naranjo en medio vimos que una pancarta proclamaba: "Gracias alcaldesa por mantener esta plaza". Debía ser una de las pocas ciudades del mundo donde en vez de criticar a su alcalde en la calle lo alaban de manera tan abierta y sincera. En mi mente empecé a forjar me una idea acerca del carácter de los ciudadanos de aquella maravillosa ciudad sin querer caer en la generalización: los córdobeses son pacientes, religiosos y votan al Partido Comunista. Olé.
Por la tarde, después de comer en la casa de campo de Rafa, fuimos en busca de un cortijo perdido. Al parecer el tio de Lara conoció mientras hacia la mili a quien se convertiría a partir de entonces en su mejor amigo. Pero un mal día perdió su teléfono y perdió el contacto con él. La única pista que tenía el tío de Lara era que su amigo vivía en un cortijo llamado "Cortijo de la Reina" a las afueras de Córdoba. Y allí que fuimos.
La búsqueda nos llevó tres horas. De paso encontramos un cortijo abandonado muy siniestro, con una plazoleta rodeada de casas donde había varios coches aparcados pero ni un alma se movía por allí. Hasta el bar estaba cerrado. Ya de noche encontramos una entrada al cortijo, anunciado en un cartel. No se podía entrar en coche, así que fuimos andando por un camino de tierra que desembocaba...en el cortijo misterioso que habíamos visitado cuando aún era de día. Seguía sin moverse nada por allí y ante tan extraño lugar empecé a inventar historias: son espíritus que viven aquí pero no los podemos ver; son unos bárbaros que nos van a tender una emboscada; son zombies que están bajo tierra y sólo salen a partir de las 12 de la noche; son un grupo de gente muy espiritual que han elevado tanto su energía que se han ido a otra dimensión.
Al final, vimos una luz en una casa donde vivían una señora tetona y regordeta y su marido. No sé si se asustaron más ellos de vernos o nosotros porque hubiera alguien con vida en tan siniestro cortijo. Yo esperaba que en cualquier momento la señora gritara de pronto en plan Gandal en El Señor de Los Anillos: "Corred insensatos. El Mal se acerca". Nada de eso ocurrió, le dejamos el teléfono del tío de Lara para que se lo hiciera llegar a su amigo de la mili y huimos lo más rápidamente posible de aquel lugar del infierno.
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domingo, marzo 23, 2008
Crónicas de Córdoba
Aquella mañana me levanté pronto para emprender un nuevo viaje. El destino era Córdoba, enclave levantado por los romanos, que luego se convertiría en la capital del próspero reino de Al-Andalus. En Madrid hacía mucho frío, el futuro era incierto, tres días de aventura, no se podía pedir más.
Durante el camino nos siguió una nube negra que intermitentemente descargaba lluvia hasta que pasamos despeñaperros y aparecieron el sol y los olivos jienenses. Pasamos Bailén y el paisaje cambió. Los campos cordobeses se habían vestido con mantos de diferentes verdes para recibirnos, lo que contrastaba con los deprimidos páramos castellanos que habíamos pasado no hacía mucho. Era hermoso contemplar el rico paisaje andaluz.
Córdoba debe ser la ciudad de los olores. El terrible trancazo que me llevé de Madrid me impidió comporbarlo con mis propias narices, pero mi amiga Lara no paraba de decir que Córdoba olía a flores, excepto cuando pasábamos cerca de excrementos de los caballos de los carruajes turísticos que pasean a diario por la ciudad, que entonces decía: "que mal huele". A lo que en una de esas le contesté: "suerte que yo no pueda oler". Me replicó: "Bueno, tampoco hueles las flores". Touché.
Nos hospedamos en la casa de Rafa, un amigo de Lara que era de allí. Él y su novia se portaron de manera exquisita con nosotros todo el tiempo, nos prestaron todas las atenciones y me ayudaron con mi catarro. La casa de Rafa era una mansión andalusí, con patio interior iluminado y azulejos con grabados de arte árabe. Enorme, preciosa. Le hicimos muchas fotos.
Por la tarde bajamos a buscar a la novia de Rafa a la salida del trabajo y juntos fuimos a ver una procesión de las muchas que hay esos días por Córdoba. "Cinco o seis al día", dijo Rafa. Todos los "pasos", como le llaman allí, tienen que pasar por obligación por la plaza de las tendillas, donde se podían alquilar asientos cada día para tener una vista inmejorable, dado la enorme afluencia de público que siempre hay.
Para los cordobeses los pasos de Semana Santa deben ser muy importantes o, por lo menos, acontecimientos sociales. Por donde fuéramos caminando nose hablaba de otra cosa. Que si el año pasado fueron por aquí, que si "nosequien" es costalero del paso del Cristo de los Faroles y así. De pronto, empezó a llover. Mala señal. La gente miraba con caras de preocupación hacia el cielo y yo pensé que quizá viéramos a los nazarenos llorar como sale siempre en televisión. Un detalle llamó mi atención. Llovía, pero hacía el sol. Creo que era por la eterna batalla de Semana Santa: lloran las nubes en la tierra porque ha perdido a un hombre excepcional, un profeta, un héroe, una esperanza, y brillaba el cielo con intensidad porque ha ganado un dios.
Al final pareció ganar el cielo y el paso de la legión salió aunque con retraso. Primero pasaron los nazarenos, vestidos de rojo y negro, recibidos con aplausos. Luego pasó el Cristo de oro y plata y por último pasaron los legionarios, con sonido de tambores y cánticos. Era la primera vez que participaba en una procesión de Semana Santa y sentí un profundo respeto para quienes cada año deciden revivir la experiencia más traumática de un creyente: la muerte de su propio dios.
Córdoba debe ser la ciudad de los olores. El terrible trancazo que me llevé de Madrid me impidió comporbarlo con mis propias narices, pero mi amiga Lara no paraba de decir que Córdoba olía a flores, excepto cuando pasábamos cerca de excrementos de los caballos de los carruajes turísticos que pasean a diario por la ciudad, que entonces decía: "que mal huele". A lo que en una de esas le contesté: "suerte que yo no pueda oler". Me replicó: "Bueno, tampoco hueles las flores". Touché.
Nos hospedamos en la casa de Rafa, un amigo de Lara que era de allí. Él y su novia se portaron de manera exquisita con nosotros todo el tiempo, nos prestaron todas las atenciones y me ayudaron con mi catarro. La casa de Rafa era una mansión andalusí, con patio interior iluminado y azulejos con grabados de arte árabe. Enorme, preciosa. Le hicimos muchas fotos.
Por la tarde bajamos a buscar a la novia de Rafa a la salida del trabajo y juntos fuimos a ver una procesión de las muchas que hay esos días por Córdoba. "Cinco o seis al día", dijo Rafa. Todos los "pasos", como le llaman allí, tienen que pasar por obligación por la plaza de las tendillas, donde se podían alquilar asientos cada día para tener una vista inmejorable, dado la enorme afluencia de público que siempre hay.
Para los cordobeses los pasos de Semana Santa deben ser muy importantes o, por lo menos, acontecimientos sociales. Por donde fuéramos caminando nose hablaba de otra cosa. Que si el año pasado fueron por aquí, que si "nosequien" es costalero del paso del Cristo de los Faroles y así. De pronto, empezó a llover. Mala señal. La gente miraba con caras de preocupación hacia el cielo y yo pensé que quizá viéramos a los nazarenos llorar como sale siempre en televisión. Un detalle llamó mi atención. Llovía, pero hacía el sol. Creo que era por la eterna batalla de Semana Santa: lloran las nubes en la tierra porque ha perdido a un hombre excepcional, un profeta, un héroe, una esperanza, y brillaba el cielo con intensidad porque ha ganado un dios.
Al final pareció ganar el cielo y el paso de la legión salió aunque con retraso. Primero pasaron los nazarenos, vestidos de rojo y negro, recibidos con aplausos. Luego pasó el Cristo de oro y plata y por último pasaron los legionarios, con sonido de tambores y cánticos. Era la primera vez que participaba en una procesión de Semana Santa y sentí un profundo respeto para quienes cada año deciden revivir la experiencia más traumática de un creyente: la muerte de su propio dios.
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